viernes, 13 de febrero de 2015

Son las cosas del querer...

Que ante la proximidad a las urnas las traiciones son evidentes está claro; de puñaladas traperas hablan algunos...pero no es de esto en lo que juntaré letras porque, más que flechas, podría escribir sobre destructivos taladros y, ni me ocupa ni me preocupa, por lo pronto hoy...

Tampoco escribiré párrafo alguno sobre romanticismos utópicos, ni una línea a los Tenorios -que los "donjuenes" sobran-, ni una palabra de Romeo ni de Julieta... historias que provocan más insomnio que sueños si una o uno profundiza en ellas...

"Es la historia de un amor como no hubo otro igual, que me hizo comprender todo el bien, todo el mal, que le dio luz a mi viiiiidaa, olvidándola después..." o de "son las cosas de la vida, son las cosas del querer  que no tienen fin ni principio, ni tienen cómo, ni por qué"... como en la canción, son las que llaman mi atención porque casi todo lo que nos han "vendido" sobre el amor es una verdad a medias. 
Eso de que "lo que manda el corazón se le escapa a la razón" es discutible, ¡y tanto que lo es!

¿Por qué? Porque el sentimiento del amor en la pareja, ese que nos pone revoltosos y revoltosas cuando todo va bien y echos un harapo cuando todo va mal, mucho guarda de psicología y de química.

Quico Rivero, psicólogo y neurocientífico en lo profesional y, amigo indiscutible y mejor persona en lo personal nos comentaba en Canarias Despierta (programa de radio) que tenemos que partir de que nosotros no estamos flotando etéreos sino que estamos dentro de un cuerpo que se rige por la biología y, teniendo en cuenta que el amor es una emoción compleja que afecta a muchos ámbitos de la persona, es necesario  reconocer que esta emoción, con varias fases, cabalga en un espacio biológico que cambia con estas fases. 

A ver, ¿acaso no hemos escuchado nunca eso de "entre esa persona y yo hay química"? 
¡Cuánta razón!. Es más, se podría decir que es hasta una química curiosa y subversiva, matiza Quico Rivero, explicando que esa primera fase, en la que decimos que estamos loquitos de amor porque hemos conocido a alguien..., se podría traducir aludiendo a la feniletilamina que, estructuralmente, se asemeja a la anfetamina disparando neurotransmisores como la noradrenalina y la dopamina, que es más conocida como el neurotransmisor de la felicidad. ¡Y ya está!. 
Llegados a este punto empiezan a dispararse una serie de compuestos bioquímicos que hacen que nos sintamos pletóricos, como que tocamos el cielo con las manos, como que el sol está hecho para comérnoslo a besos sin reparar en que es bastante traicionero y nos terminará quemando...

¡Vamos!, que dice mi amigo el psicólogo que este tipo de sustancias que generamos en la primera fase del enamoramiento nos hace sentir como si estuviésemos drogados pero, ¡ojo! que aún no existen motivos para crear dependencia, y mucho menos para ir por la vida con el "pobre de mi que sin mi pareja no vivo".
No, no exageremos que en esta fase de enamoramiento aún no hay motivos para esto. 
Todavía se puede escapar de la quema o, por el contrario, disfrutar de ese calor emocional compartido.

La dependencia emocional es más tardía en el proceso, teniendo mucho que ver con problemas de autoestima y con los malos aprendizajes en la historia personal de quien se siente dependiente de forma patológica.
La verdad, en el fondo todos somos dependientes: vivimos en familias, en sociedad y nos necesitamos. El problema surge cuando ya es obsesivo y tendemos a considerar que se necesita sí o sí de la otra persona, yendo en contra de la propia libertad, del propio desarrollo personal. 
En este punto, comenta Rivero, en muchas ocasiones esta dependencia está relacionada en cómo -desde muy chiquitín- se han ido construyendo y asumiendo los aprendizajes en un clima de respeto y libertad con uno mismo y con los demás

Sigamos desentrañando los entresijos del amor y el deshoje de la margarita: me quiere, no me quiere, me quiere...  Así hasta la eternidad o, quién sabe. 
Tanta duda que por dudar no duermo y me pregunto por qué nos enamoramos de una persona y no de otra

A pesar de la complejidad de este tema, la ciencia intenta dar respuesta y, según parece, no es nada del otro mundo. 
¿Les suena de algo eso de "siempre caigo en la misma piedra", "siempre se repite la misma historia" o aquello de "¿no querías caldo?, ¡pues toma dos tazas!"
Por aquí vienen los tiros: tenemos patrones que tendemos a repetir.

O sea, lo explico a mi modo, estudias e intentas aprender. Te examinas y suspendes. Vas a septiembre. ¿También suspendes? ¡A repetir! Y así, hasta que aprendas casi todo -y matizo "casi"- porque todo, lo que se dice todo, nunca se aprende 
Pero cuando finalmente apruebas, ¡chasca!, ¡más de lo mismo y vuelta a la misma piedra! pero esta vez y con suerte -ohlalá-,  superas la caída y puedes pasar al siguiente curso, si es que te quedan ganas... 

No pretendo ser tosca y sí ofrecer una buena explicación, como la de Quico Rivero, quien añade que los seres humanos desarrollamos los patrones que nos resultan más atractivos y eso tiene que ver con los propios procesos de aprendizaje a lo largo de la vida. Por lo que si la persona desde su más tierno aprendizaje ha negociado sus relaciones desde un regalarse, desde un no valorarse absolutamente nada o desde una dependencia emocional patológica asumiendo que "es la única manera de que me tenga en cuenta", dando todo a cambio de nada... está marcando las pautas de cómo establece las relaciones amorosas y de amistad que terminan siendo dañinas ya que  mete demasiada presión a los otros con el, por ejemplo,  "si estás conmigo, estás conmigo", y claro, la otra parte puede salir huyendo...

Al parecer buscamos relaciones con las que nos sentimos cómodos aunque no sean las más idóneas pero son las que más controlamos a fuerza de repetirlas.

Se puede evitar llegar a este punto. Si es su caso encuéntrese, conózcase,  aceptese, valórese. Si no puede solo o sola acuda a terapias que le ayudarán a tallar el diamante en bruto que guarda.

Esto del amor es un viaje apasionante y apasionado con fecha de caducidad pero reciclable si la paciencia y el sentido de la orientación es nuestro fuerte. Para ello volvemos a hablar de sustancias químicas. 
La oxitocina en las mujeres y la vasopresina en los hombres, estos dos neurotransmisores actúan para que la pasión y el compromiso caminen a la par ya que así está establecido en nuestro diseño biológico proyectado para crear vínculos estables en el tiempo. 
No obstante, eso de que las relaciones son para toda la vida depende de cómo nos lo montemos porque, comenta mi psicólogo favorito, estas relaciones podrían cerrarse en ciclos que van desde los tres hasta los seis años... y a partir de aquí se habla de otro tipos de valores no tan biológicos sino de más proyección y decisión sobre el  "¿cómo quiero que sea mi vida?".
Algunas parejas apuestan por continuar juntas, de construir una familia o, simplemente, escogen caminos diferentes, se separan y...

¡Un sueño roto! ¡Me duele el alma! ¡Estoy enferma de amor!...
"Ajo y agua" O sea, a tirar del "tiempo al tiempo".
Me asegura Quico, pastillitas milagrosas, inyecciones para el mal de amor...pues no

Toda despedida lleva un proceso de dolor, un duelo que es necesario vivir para decir "bye bye" a tantas cosas y asumir otras tantas que no se darán... en cualquier caso, calma, el desasosiego tampoco durará toda la vida.

Si hablamos de una estructura familiar, de un matrimonio consolidado que se viene abajo, tal vez sea necesario atravesar un proceso de duelo de hasta  tres años porque es necesario poner a los y las ex donde corresponde y cada cosa en su lugar, aceptar y dar tiempo antes de volver a construir una nueva estructura. 
Si, por otro lado, hacemos referencia a un noviazgo, la despedida al recuerdo de lo que fue no debería de durar más de unos meses, hasta seis, y si se alarga aún más en el tiempo, se debería tratar con un profesional porque algo pasa en el cerebro puesto que, según me aclara, no se está produciendo una buena gestión de las emociones.

Y con tanto adelanto, tanto desarrollo de las nuevas tecnologías, ¿qué ocurre con esas relaciones que se establecen en la distancia?¿Tienen futuro?... Sobre esto habrá que esperar un poco más porque, al ser un aspecto novedoso, una nueva irrupción en una incipiente forma de establecer relaciones, son objeto de estudio actual y ,de momento, ni fú ni fá. Ni chicha ni limonada.
Será algo que tendrá que gestionar cada cual... como en casi todas las relaciones



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