jueves, 8 de septiembre de 2011

La ilusión, el tiempo y el interés



A veces ocurren cosas que suceden sólo una vez siendo así más que suficiente...


En un lugar no demasiado lejano ocurrió en cierta ocasión que, tres amigos llamados a encontrarse, a vivir juntos, tuvieron que dar un inmenso rodeo para después volver por el camino más corto, cuando por fin volvieron aunque siempre no fue así…



Ella, entre ellos dos: la ilusión
Desde la distancia más corta, ellos intentando cortejarla: el interés y el tiempo


La ilusión llegó a aquel lugar donde, hasta el momento, ni se la conocía ni se la esperaba.


Venía adornada con finas perlas de entusiasmo y la cubría un abrigo de la más auténtica verdad. No fue invitada a viajar ni falta que le hacía. Sin embargo, decidió comenzar aquella aventura iluminada por el resplandor de una bella sonrisa que le habían regalado un 14 de febrero.


Desde que iniciara aquella trayectoria bellas palabras y engalanados gestos salieron a su paso, haciéndola sentir aún más deseada y bien recibida.
Como guinda de pastel, para colofón, un día de forma sorpresiva, conoció al interés y al tiempo, quienes iban juntos y en la misma dirección. No hizo falta llevar a cabo demasiados preámbulos ya que rápidamente tomaron la decisión de hacer con ella el mismo camino.
Pronto las miradas y reclamos se centraron sobre semejante trío que se había convertido en pieza fundamental para vivir por encima de la propia vida.


No obstante, casi nada es para siempre y por un descuido esta unión cayó en picado ya que el interés se alejó de la ilusión y el tiempo empezó a correr a velocidad más rauda.


A partir de entonces la ilusión comenzó a deambular sintiéndose fuera de lugar y rechazada por sus amigos; el tiempo ya casi no existía y el interés se había perdido…


Ilusión enfermó y murió sin saber que, de vez en cuando, el interés la añoraba en el silencio y el tiempo se arrepentía de no haberse gastado un poco más en ella. Ya se sabe: tenemos la mala costumbre de querer a medias…


Esa ilusión se difuminó en el país de los sueños a la vez que otras nacían por doquier intentando conocer a tiempo e interés pero sin dejarse engatusar.


Esas nuevas ilusiones crecían con la claridad del saber que si no hay tiempo es porque tampoco existe interés, el uno sin el otro carece de valor y de presencia…

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