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El médico y yo

Salí dolorida, tirando de la pierna como pude. Estaba en la sala de espera a la hora convenida aunque me atendiera media hora más tarde (como parece que conviene...) Había optado por una discreta blusa de botones, de tal manera que solo tuviese que desabrocharme los justos y necesarios para ser auscultada. Llegó mi turno. Me levanté y ajusté mi ropa. Sin despegar su mirada de la pantalla del ordenador el médico me espetó un " buenos días qué le pasa" Le solté la lista de síntomas que había estructurado y ensayado mientras esperaba. "Qué la enfermera le pinche esto y tómese un comprimido cada ocho horas" me recomendó sin siquiera mirarme la cara. Me pincharon y volví a casa, asombrada de mi breve visita virtual...

El tranvía y yo

Me subo al tranvía. Veo medio asiento libre. El otro asiento y medio está ocupado por un chico de talla grande que ostenta de ello, o sea, que se muestra desperdigado  y bastante escarranchado, como con miedo a rozarse... Me siento en el breve espacio en el que no está. Ni se inmuta. Saco un pañuelito y lo uso, como si tuviese gripe. Me provoco tos insistente.  Me vuelvo a sonar. En un plis-plas ya tengo espacio suficiente para mi. Compruebo que le preocupa contagiarse de gripe, de una gripe que no tengo... Y me sonrío.

El miedo a olvidar y a ser olvidado.

Parecía una niñita. Sus ojos estaban cerrados pero no dormía. Con sumo cuidado acaricié su surcada tez. Su blanca y fina piel aún guardaba la esencia de aquel espectacular cutis que lucía años atrás. Una mezcla de pena, dolor y cariño se entremezclaba. Le hablaba como si me oyera, le comentaba que no paraba de llover, que los campos lucían verdes y que su jardín estaba lleno de flores. Le espeté que llevaba demasiado tiempo tumbada y que debía espabilar porque las huertas, el jardín y la casa era demasiado trabajo para mi sola. Además, junto a su oído le dije que me hacía mucha falta y necesitaba de sus abrazos... Me dejé vencer una vez más. Tenía la sensación que era inútil hablarle porque ya ni siquiera me recordaba. Ella me había olvidado pero yo a ella no.  Hacía meses que ya no me reconocía pero, sin embargo, ¡se mostraba tan receptiva a mis caricias, a mis mimos y arrumacos! Alguna que otra vez, cuando le susurraba lo mucho que la amaba, dejaba caer una lágrima de sus ...

Son las cosas del querer...

Que ante la proximidad a las urnas las traiciones son evidentes está claro; de puñaladas traperas hablan algunos...pero no es de esto en lo que juntaré letras porque, más que flechas, podría escribir sobre destructivos taladros y, ni me ocupa ni me preocupa, por lo pronto hoy... Tampoco escribiré párrafo alguno sobre romanticismos utópicos, ni una línea a los Tenorios -que los "donjuenes" sobran-, ni una palabra de Romeo ni de Julieta... historias que provocan más insomnio que sueños si una o uno profundiza en ellas... " Es la historia de un amor como no hubo otro igual, que me hizo comprender todo el bien, todo el mal, que le dio luz a mi viiiiidaa, olvidándola después... " o de "s on las cosas de la vida, son las cosas del querer  que no tienen fin ni principio, ni tienen cómo, ni por qué "... como en la canción, son las que llaman mi atención porque casi todo lo que nos han "vendido" sobre el amor es una verdad a medias.  Eso de que...

La mentira de tu existencia

                                                                                            Hallose a mitad del camino sin aliento,                                               sin prisas ni pausas que apremiaran,                                               sin una dirección definida que seguir                                               ni nada que añadir a un extremo...           ...

Palabras...

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Y me escabullo, intentando huir a los desafíos del delirio añadiendo renglones a  los haberes, desafiando al reloj, ¡intrépido! que ajeno suma horas al descuento... Enfundada en la historia de no saberte, ordeno palabras que te profeso, adorno tu vida propia como puedo en la pregunta fija, al final, de qué estás hecho... Y busco un nombre que te defina en la respuesta, en el tiempo de la inexistencia de la prisa me desvivo y te dedico mi pensamiento y te gesto... hasta ser parido

Cuento de Navidad

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Como cada día, al levantarse de la cama, lucha contra el "para qué" y el "otro día más" y se rearma. Después de la propia rutina matutina, similar a la de casi todos, va hasta la cocina y, buscando entre la alacena encuentra el bote de café, lo mira y con satisfacción descubre que aún queda,  eso le recuerda que aún faltan dos días para ir a recoger la bolsa de alimentos que le dan en Cáritas... Ya es la hora para despertar a su pequeña. Va hasta su cama y con un "buen día, princesa" acaricia su cara. María, que así se llama, abre poco a poco sus ojos a la vez que le regala una sonrisa. Saca una de sus manitas de debajo de la manta para devolverle la caricia, sin percatarse que entre sus pequeños dedos,  perfectamente doblada, y casi arrugada,  quedaba al descubierto su secreto. -¿Qué guardas ahí? -Le pregunta mientras juguetea con ella haciéndole algunas cosquillas. -¡No lo mires! ¡Es mi carta!. -Le dice y se ríe -¿Tú carta? ¿Qué carta?...