sábado, 2 de julio de 2016

Renovar el armario

Hoy -y después de postergarlo durante días por diversas razones- decidí darle vuelta y media al armario. 
Se trata, simplemente, de esas cosas que se hacen casi siempre cuando asistimos al cambio de temporada, que no es más que cambiar unas prendas por otras...
Saqué del mueble toda la ropa de otoño e invierno. Sobre la cama, dispuesta para reestrenarse por cuarto o quinto veranos, la otra. 
Entre estas prendas que luciré en los días del estío descubrí algunas reliquias cargadas de esperanza. Sí, esas que guardas de un año para otro a ver si el próximo verano "te entran"...
No pude resistirme a probarme de nuevo aquellas dos faldas y el vestido de colores tan alegres como aquel tiempo en el que lo adquirí.
Para mi sorpresa la falda de color turquesa no sólo me entraba sino que se ajustaba perfectamente a mi figura, ¡có!mo hacía 6 años. Con la falda de lino, color esmeralda, me pasó exactamente lo mismo. ¡Y con el vestido!
No pude evitar la sensación de alegría e ilusión que se apropiaron de mi en aquel momento. ¡Esperar tiene su recompensa!, me dije.
Volví a probarme las prendas y lo que fue regocijo se convirtió en una mezcla de añoranza y tristeza.
Me vi frente al espejo con la falda turquesa. Recordé el día que la estrené y porqué. 
Recordé que aquel día salía del trabajo, sobre las 4 de la tarde e iba a comer con aquel chico que tan interesado se mostraba por mi...
La otra prenda, color esmeralda, me recordó aquella mañana de junio en la que me preparaba para ir a trabajar cuando sonó el teléfono y me avisaron que mi  padre acababa de fallecer...
Aquel vestido estaba también lleno de recuerdos, unos buenos y otros malos...
Las tres prendas me habían dejado de servir hacía 6 años. Ninguna de las tres vivió conmigo los tristes momentos de la soledad, el abandono y el paro... Ninguna de las tres me acompañó en las nuevas ilusiones o decepciones de los 6 últimos veranos.
Las tres se han ahorrado mis "fines de mes" cada día 12 de mes. Las tres se ahorraron ir conmigo a tocar puerta tras puerta a buscar trabajo y no encontrarlo.
Las tres me abandonaron cuando empecé a pasarlo mal, hace 6 años...
Hoy compruebo que he recuperado mi talla de aquel tiempo, vuelvo a lucir como entonces pero con 6 intensos años más adheridos a mi piel.
Hoy no me importa una falda más o una falda menos y, sin embargo, hoy se vuelven a ajustar a mi talla. 
Pues muy bien, ¡me las pondré!
Les daré trote y las desgataré, dándome igual si se manchan, si se estropean, si se rompen...
A fin de cuentas sólo es ropa, como tanta otra, que termina hecha trapos.
A buen entendedor pocas palabras bastan...

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