domingo, 1 de marzo de 2015

El tranvía y yo


Me subo al tranvía.
Veo medio asiento libre. El otro asiento y medio está ocupado por un chico de talla grande que ostenta de ello, o sea, que se muestra desperdigado  y bastante escarranchado, como con miedo a rozarse...
Me siento en el breve espacio en el que no está. Ni se inmuta. Saco un pañuelito y lo uso, como si tuviese gripe.
Me provoco tos insistente. 
Me vuelvo a sonar.
En un plis-plas ya tengo espacio suficiente para mi. Compruebo que le preocupa contagiarse de gripe, de una gripe que no tengo...
Y me sonrío.

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