domingo, 13 de abril de 2014

El que no se haya equivocado que juzgue a los demás

Comienza la Semana Santa de este año 2014 y casi  todos se disponen a disfrutarla de un modo u otro.

Para los creyentes este es un periodo especial en el que hacer una auto-revisión y enmendar, si es preciso, algunos comportamientos.

Para otros no tan creyentes esta puede ser una semana de descanso y encuentro consigo mismo y, para los nada creyentes, esta es una carnavalada de los cristianos, sí, lo he oído así... En cualquier, caso que reine el respeto y la tolerancia.

Tratándose de Semana Santa y de fiesta de origen religioso me centro en este grupo y traigo a colación la representación de la ópera rock "Jesucristo Superstar" que se interpretará en estos días en muchísimos rincones de nuestro país trayendo a nuestro recuerdo la muerte y pasión de Cristo.

Este pasado sábado, 12 de abril, en un rincón de Tenerife, en el barrio de San Matías, una treintena de vecinos, entre niños, jóvenes y adultos, encarnaron los personajes de este musical.

Y viéndoles, me he permitido la licencia de presentárselos a ustedes con una sencilla explicación con lo que dan de sí mis entendederas:

Jesús no terminó su vida en la Cruz sino que fue a partir de ella cuando comenzó a vivir y a ofrecerse en cada uno de nosotros..., en realidad, todos estamos invitados a imitar a Jesús en la verdadera obra, en el día a día...

Porque sin actos, sin confianza, nadie está a salvo de convertirse en un Judas; da igual que seamos hombres o mujeres, ¿cuántas veces, sin querer o queriendo, hemos dado ese "beso de Judas?...

Y el papel de María  Magdalena -la prostituta.  Muchas mujeres y muchos hombres, sin tener que caer en la prostitución propiamente dicha también cometen fallos, toman decisiones erróneas, se equivocan... Un día conocen el amor, la confianza, el verdadero sentido de la Fé y hayan un nuevo motivo para volver a empezar. Y si es así, ¿quién diablos somos los demás para impedírselo?...

¿Y cuántas veces vamos por la vida como Apóstoles hablando de Dios, de sus bondades y, como Pedro, a la primera de cambio le negamos? Eso también, en ocasiones, lo hacemos con los nuestros, a los que decimos querer mucho y, si nos preguntan contestamos: -"Ah, no, es un conocido".

El pueblo, los de siempre, unas veces vitoreamos con olivos, enaltecemos, regalamos los oídos con halagos y si no logramos lo que buscamos, lo que pedimos, cambiamos. De repente el objeto de nuestras muestras de afecto deja de ser tan bueno y hasta  reprochamos con un "¡así me pagas todo lo que he hecho por ti !", tirándolo al olvido.

En cada uno de nosotros también hay un guardia pretoriano, sobre todo en esos momentos en los que nos atribuimos autoridad para apresar a alguien bajo el yugo de nuestras malas miradas o de nuestras lenguas viperinas, criticando, criticando, criticando...

Los Sumos Sacerdotes, la autoridad del Templo, aparecen también en nuestra conducta cuando, intentando defender lo indefendible por ese miedo a perder, hacemos uso de "el fin justifica los medios" caiga quien caiga...

Somos tantas cosas y personajes a la vez a lo largo de nuestros días que también somos Pilatos cuando jugamos a dos bandas, cuando queremos estar con los buenos y con los malos al mismo tiempo, cuando para quedar bien con todos y eludir compromisos necesarios decimos eso de: "esto no va conmigo, allá ustedes"...

Pues eso, que Jesús no es Historia ni su historia queda tan atrás en el tiempo, sino que se repite en nuestro presente instante a instante...

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