sábado, 12 de noviembre de 2011

Actúa



Dos niños jugaban en un charco con unos barquitos de papel; un poco más lejos, un tercero los miraba con cierto recelo, atreviéndose a decir que su barco podría ganar a los otros dos.

Los pequeños intercambiaron su mirada incrédulos porque el posible barco ganador estaba anclado en tierra.

-“¡Tráelo al agua!”, dijo uno.

-“No”, contestó el otro.

Los niños continuaron jugando en el charco ignorando al desafiador, concluyendo que sólo el barco que navega puede alterar su rumbo…

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